El lipedema es una enfermedad crónica del tejido adiposos que provoca una acumulación anormal de grasa y líquidos sobre todo en piernas, y en ocasiones brazos, excluyendo pies y manos. No debe confundirse con la obesidad, el exceso de grasa en el lipedema suele ser resistente a dietas o rutinas de ejercicio convencionales.
Los síntomas pueden incluir dolor, sensibilidad al tacto, sensación de pesadez, tendencia a formar hematomas, inflamación, y en ocasiones dificultades de movilidad y problemas circulatorios. Por ello, el tratamiento no se basa solo en perder peso, sino en mejorar la calidad de vida, aliviar molestias y favorecer la salud vascular y linfática.
Aunque el ejercicio no elimina la grasa lipedematosa por sí solo, sí aporta beneficios claves: mejora la circulación sanguínea y linfática, reduce inflamación, alivia la pesadez de las piernas y contribuye al fortalecimiento muscular. El movimiento muscular actúa como una ‘bomba’ natural que favorece el drenaje de fluidos y disminuye la retención en los tejidos.
Además, mantener un estilo de vida activo junto con hidratación, descanso y, cuando corresponde, uso de prendas de compresión, puede ayudar a controlar síntomas crónicos y mejorar la movilidad.
Según expertos como el Dr. Hamidreza Eskandari, estas son las prácticas más adecuadas cuando se convive con lipedema: