ESTE ALIMENTO SUPUESTAMENTE “SALUDABLE” EN REALIDAD ESTá RELACIONADO CON UNA ENFERMEDAD GRAVE

A menudo promocionada como un ingrediente refinado y rico en beneficios, la morilla ocupa un lugar destacado en la gastronomía. Sin embargo, en un pueblo de los Alpes franceses, su pariente más peligroso, la falsa morilla, podría estar relacionada con un número inusualmente alto de casos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también conocida como enfermedad de Lou Gehrig. Una investigación científica ha arrojado luz sobre esta posible relación, alimentando el debate sobre la seguridad de ciertos alimentos silvestres.

Un plato muy solicitado… y un doble tóxico

La morilla auténtica es un hongo de lujo, apreciado en la alta cocina por su sabor sutil y su rareza estacional. Baja en grasas, rica en vitamina D y a menudo incluida en dietas equilibradas, se considera un alimento saludable si se prepara correctamente. Su similar, la morilla falsa (Gyromitra), por otro lado, proviene de una familia diferente de hongos y contiene compuestos tóxicos llamados hidracinas. Si se cocina incorrectamente o se consume en grandes cantidades, puede causar problemas digestivos, daño hepático, problemas neurológicos e incluso complicaciones graves.

El misterio de Montchavin

En el pueblo de Montchavin, en Saboya, se dieron las alarmas. Durante unos 10 años, se registraron allí 16 casos de ELA, a pesar de tener una población permanente de tan solo 200 habitantes. Como explica la revista Knowable , esta tasa es significativamente superior a la media mundial, estimada en 2 o 3 diagnósticos por cada 100.000 habitantes al año.

La investigación fue dirigida por la neuróloga Emmeline Lagrange, del Hospital Universitario de Grenoble. Tras examinar a varios pacientes, observó un denominador común: todos habían consumido morillas falsas con regularidad, a veces durante más de 20 años, convencidos de sus propiedades rejuvenecedoras.

Supersticiones locales en la mesa

Según los testimonios recopilados, algunos residentes formaban parte de grupos privados de recolección, compartiendo sus cosechas. El consumo de falsas morillas está prohibido en Francia debido a su toxicidad, pero la tradición culinaria local parece haber contribuido a su continua presencia en algunas mesas.

Similitudes con otras epidemias alimentarias

La neuróloga Emmeline Lagrange compartió sus observaciones con el neurocientífico Peter Spencer, especialista en la relación entre la dieta y las enfermedades neurodegenerativas. Spencer había estudiado previamente un caso similar en Guam, donde el consumo de semillas de cícadas, que contienen una toxina similar a la de las falsas morillas, se relacionó con una forma local de ELA y demencia. El hilo conductor: la transformación de estas toxinas en el organismo en sustancias capaces de dañar las células nerviosas.

Una investigación aún en curso

Para comprobar esta hipótesis, los investigadores compararon el historial alimentario de personas con ELA con el de 48 residentes sanos. El resultado: todos los casos confirmados de ELA tenían antecedentes de consumo de falsas morillas, en comparación con ninguno en el grupo de control. Si bien este vínculo es sólido, los científicos enfatizan que aún debe ser confirmado por otros estudios y que muchos factores ambientales o genéticos también podrían estar involucrados.

La toxicidad de las falsas morillas se ha documentado en varios países. En Finlandia, incluso aparecen en sellos conmemorativos, pero su consumo está estrictamente regulado: deben hervirse varias veces y enjuagarse antes de servirse, incluso en restaurantes con estrellas Michelin. En Estados Unidos, se han reportado casos de intoxicación, a veces con síntomas graves. El caso de Montchavin nos recuerda que incluso un alimento presentado como "natural" o "saludable" puede presentar riesgos si se identifica o prepara de forma incorrecta. A la espera de las conclusiones definitivas de la investigación, se recomienda precaución.

2025-08-31T11:10:29Z