La salud sexual va mucho más allá de prevenir infecciones o embarazos no planificados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como un estado de bienestar físico, mental y social relacionado con la sexualidad, que incluye la posibilidad de mantener relaciones placenteras y seguras. El organismo recuerda que este bienestar depende de múltiples factores, entre ellos el estado de salud general, el equilibrio emocional y unos hábitos de vida saludables.
En este contexto, cada vez más especialistas defienden un enfoque integral de la salud sexual que tenga en cuenta aspectos como la alimentación, el descanso, la actividad física, las hormonas o el manejo del estrés. Una de ellas es Nathaly Marcus, nutrióloga especializada en medicina funcional, que, en una entrevista en el podcast Tengo un Plan, aborda cómo estos factores pueden influir en el deseo sexual y desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre las relaciones de pareja.
Marcus sostiene que el deseo sexual no depende únicamente de los sentimientos hacia la otra persona. A su juicio, el equilibrio hormonal desempeña un papel clave y puede verse alterado por el ritmo de vida actual. “El estrés mata la testosterona y el deseo sexual”, afirmaba.
La especialista explica que muchas personas interpretan la pérdida de deseo como un problema de pareja cuando, en realidad, puede estar relacionada con el funcionamiento del organismo. “Puedes querer a tu pareja, pero si no tienes testosterona, el deseo no aparece”, resumía.
La relación entre el estrés y el deseo sexual tiene una base biológica. Cuando una persona está sometida a estrés de forma continuada, el organismo aumenta la producción de cortisol, una hormona que prepara al cuerpo para responder ante situaciones de amenaza. Sin embargo, cuando sus niveles permanecen elevados durante mucho tiempo, pueden interferir en el funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-gónadas, responsable de regular la producción de testosterona.
Diversas investigaciones científicas han observado que el estrés crónico puede asociarse a una disminución de los niveles de testosterona y, como consecuencia, a una reducción del deseo sexual, aunque la intensidad de este efecto varía en función de la edad, el estado de salud y otros factores como el sueño, la alimentación, el consumo de alcohol o la práctica de ejercicio físico. Los especialistas recuerdan que la pérdida de libido no siempre tiene una única causa y que suele ser el resultado de la combinación de factores hormonales, psicológicos y emocionales.
Para la nutrióloga, la compatibilidad sexual es uno de los pilares de una relación. “Creo que la química sexual es un ingrediente primordial”, aseguraba. Sin embargo, advierte de que esa conexión no siempre desaparece por el paso del tiempo, sino por circunstancias que afectan al bienestar de la pareja. “Muchas veces esa química se va, se apaga por estrés, por resentimiento”, explicaba.
Marcus considera que, cuando aparecen estos conflictos, no basta con intentar recuperar la intimidad. “Hay que sanar el vínculo”, sostenía. En su opinión, revisar qué espera cada miembro de la pareja y mejorar la comunicación resulta fundamental para que el deseo no termine desapareciendo.
La especialista añade que, si esa química nunca ha existido, es difícil construir una relación sentimental satisfactoria. “Si tú no tienes química con tu pareja, por más que te caiga bien, pues no. Que no sea tu pareja, que sea tu amigo”, afirmaba.
Marcus recuerda que la pérdida de interés por las relaciones sexuales no siempre tiene un origen emocional. La especialista explica que los cambios hormonales, la disminución de los estrógenos o la sequedad vaginal pueden provocar dolor durante las relaciones y afectar al deseo.
Por ello, recomienda consultar con profesionales sanitarios para valorar tratamientos adaptados a cada caso, desde lubricantes o tratamientos hormonales hasta el apoyo de especialistas en salud sexual cuando el problema persista.
Para Marcus, el deseo también se construye fuera del dormitorio. La especialista considera que muchas personas esperan que aparezca de forma espontánea al final de la jornada, cuando el cansancio y las obligaciones ya han pasado factura. “Es muy importante conquistar a tu pareja, darle tiempo. A veces no nos damos el tiempo, estamos todo el día ocupados, llegas a la noche y ya quiero sexo. Espérame, conquístame en el día, mándame un mensajito rico, dime 'te deseo', hazme sentir deseada”, explicaba.
Añade que esta necesidad de conexión puede hacerse todavía más importante en etapas marcadas por cambios físicos y hormonales. “La mujer sufre porque cambia su composición corporal, pierdes músculo, te llenas de grasa, no te caes bien, no te gustas a ti misma, te sientes rara, estás perdiendo esa atracción donde te ves en el espejo y no te reconoces”, afirmaba.
Preguntada por si existe un número de relaciones sexuales recomendable, Marcus rechaza que haya una frecuencia válida para todas las parejas. A su juicio, el nivel de estrés, las circunstancias personales y el tiempo compartido tienen un peso mucho mayor que cualquier cifra. “Hay épocas en que te vas de viaje y no hay estrés, y el estrés mata la testosterona. Estás feliz... y llegas a casa, están los hijos, el trabajo, estás agotado. Entonces lo último que quiero es que me acerques”, comentaba.
Por ello, la especialista defiende que la calidad de los encuentros es más importante que su frecuencia. “Hay gente que tiene sexo todos los días y hay gente que tiene una vez a la semana, pero tiene un acto sexual hermoso que tal vez le dedica dos horas en vez de diez minutos diarios”, concluía.
Durante la conversación también cuestiona una de las creencias más repetidas sobre las relaciones de larga duración. “¿Que tienes que cambiar de pareja cada siete años para que no te aburras? La saturación crea inflamación y mata la pasión”, comentaba antes de rechazar esa idea.
En su opinión, mantener una vida sexual satisfactoria no depende de cambiar de pareja, sino de cuidar la relación, la comunicación y el bienestar físico y emocional para que el deseo pueda mantenerse a lo largo del tiempo.
Los especialistas recuerdan que una pérdida persistente del deseo sexual no debe normalizarse ni afrontarse con resignación. Cuando afecta al bienestar personal o a la relación de pareja, recomiendan consultar con profesionales sanitarios para identificar la causa y establecer el tratamiento más adecuado, ya que detrás de este síntoma pueden coexistir factores hormonales, psicológicos, emocionales o enfermedades que requieren un abordaje específico.