El martes mi hermano Dani escoltó toda la noche a mi padre en las Urgencias del Ramón y Cajal de Madrid mientras yo me quedaba cuidando a mi madre. Mi viejo tiene 89 años, EPOC, un marcapasos desde hace más de 30 y otras dolencias que no podría detallar, pero, según el primer diagnóstico, lo que le dejó grogui es una insuficiencia cardíaca que le ha llenado de líquido los pulmones y la pleura. En el itinerario que va desde su casa hasta la cama del hospital hay un largo reguero de gastos que incluyen traslado en ambulancia, análisis de sangre, radiografías, ecografías y otras pruebas, más el trabajo impagable de enfermeros, médicos, técnicos, camilleros, celadores, administrativos y el resto de personal de servicios. Un hospital, dijo John Irving, no es el mejor sitio donde estar, pero es el mejor sitio donde estar cuando estás mal. Al igual que cuando le implantaron el marcapasos, todo el dineral que ha ido apoquinando al Estado a lo largo de décadas al final se resuelve en una serie de costosos procedimientos que quizá le salven la vida. No sé mucho de matemáticas, pero creo que mi padre sale ganando. Se pagan impuestos para esto. La salud no tiene precio.
2025-12-04T21:06:38Z